jueves, 7 de marzo de 2013

CUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES NEGADO POR PEDRO



Paso de Misterio de la Hermandad del Carmen Doloroso - Sevilla


Pedro habla confesado que Jesús era el Mesías, y el Señor le había respondido: "tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Pero Jesús ahora necesita ayuda, y Pedro flaquea: niega a su maestro, no una sino tres veces.

Del Evangelio según San Mateo 26,69-75 (cf Mc 14, 66-72; Lc 22, 56-62; Jn 18, 15-18. 25- 27).

Entre tanto, Pedro estaba sentado fuera, en el atrio; se le acercó una sirvienta y le dijo: Tú también estabas con Jesús el Galileo. Pero él lo negó delante de todos, diciendo: No sé, de qué hablas. Al salir al portal le vio otra vez y dijo a los que había allí: Este estaba con Jesús el Nazareno. De nuevo lo negó con juramento: No conozco a ese hombre. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: Desde luego tú también eres de ellos, pues tu habla lo manifiesta. Entonces comenzó a imprecar y a jurar: No conozco a ese hombre. Y al momento cantó el gallo. Y Pedro se acordó de las palabras que Jesús habla dicho: Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces". Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Del Evangelio según san Marcos 14, 66-68.72

Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: «También tú andabas con Jesús el Nazareno». Él lo negó diciendo:  «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir»... Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: 

 «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.





En las negaciones de Pedro vemos la muestra de humildad y sinceridad de los apóstoles que les lleva a contar sus propias debilidades. No se habla a quí acerca del arrepentimiento de Pedro, aunque se da por supuesto al mencionar el canto del gallo: de la misma brevedad del relato se deduce que el suceso era muy conocido por los primeros cristianos. Después de la Resurrección quedará más patente el alcance del perdón de Jesús, que confirma a Pedro en su misión de Príncipe de los Apóstoles.

    "En este torneo de amor no deben entristecernos las caídas, ni aún las caídas graves, si acudimos a Dios con dolor y buen propósito en el sacramento de la Penitencia. Es cristiano no es un maníaco coleccionista de una hoja de servicios inmaculada. Jesucristo Nuestro Señor se conmueve tanto con la inocencia y la fidelidad de Juan y, después de la caída de Pedro, se enternece con su arrepentimiento. Comprende Jesús nuestra debilidad y nos atrae hacia sí, como a través de un plano inclinado, deseando que sepamos insistir en el esfuerzo de subir un poco, día a día" (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 75).

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COMENTARIO


Pedro había estado con Jesús desde el principio, desde ese encuentro junto al mar de Galilea, que habla cambiado su vida. Y lo quería de verdad. Era un hombre sencillo y apasionado; entonces, ¿por qué niega a su maestro? Pedro, el impulsivo, el que sabe sacar la espada en un momento delicado, no sabe medir sus palabras, y alardea de que nunca le abandonará: "aunque todos te nieguen, yo no lo haré". Pedro confía más en si mismo que en el Señor, se apoya en sus propias fuerzas, y cuando fallan, se desmorona.

Ha entrado en juego la soberbia, se ha fiado más de si mismo que de la palabra de Jesús. Por eso, cuando llega la hora de la verdad, se deja llevar por el miedo a quedar mal ante los demás, por los respetos humanos, y surge la cobardía, el miedo, y la traición.

¿Alguna vez te ha traicionado tu mejor amigo? ¿Cómo has reaccionado? Quizás tú, como Pedro, has negado y renegado de algún familiar, de algún amigo. Lo importante es reconocerse débil, pecador. Y desde ahí, mirar como Pedro, con los ojos llenos de lágrimas, el rostro del Señor, el rostro del hermano, y sentir en nuestro corazón el deseo de reconstruir la fraternidad, la amistad, la fidelidad.

Las negaciones fueron tres, en tres circunstancias distintas ante tres personas diferentes. La progresión en la intensidad de la negación desvela mejor la gravedad de la caída de Pedro. No fueron sus negaciones una evasiva ante una pregunta indiscreta, sino una negación que incluirá juramentos, es decir, poner a Dios por testigo de una falsedad. Al menos las dos últimas negaciones fueron claramente pecados graves.






MEDITACIÓN SOBRE EL PECADO DE PEDRO


«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré» (Mc 14, 31). Pedro era sincero cuando decía esto, pero no se conocía a sí mismo, no conocía su debilidad. Era generoso, pero había olvidado contar con la generosidad del Maestro. Pretendía morir por Jesús, mientras era Jesús quien debía morir por él para salvarlo. 

Al hacer de Simón la «piedra» sobre la cual fundar la Iglesia, Cristo incorpora al apóstol a su iniciativa de salvación. Pedro creyó ingenuamente que podía dar algo al Maestro, mientras que todo lo recibía gratuitamente de él, incluido el perdón tras la negación. 

Jesús no cambió su elección de Pedro como fundamento de su Iglesia. Después del arrepentimiento, se concedió a Pedro la capacidad de confirmar a sus hermanos. 

La amargura y las lágrimas de Pedro arrojan mucha luz sobre su conducta. El pecado de Pedro no fue falta de amor, sino debilidad y presunción. Acude al palacio del pontífice por amor, se queda allí por amor, pero era más débil de lo que pensaba. Su negación no es falta de fe, sino debilidad pasajera. Estaba fuera de sí cuando negó al Señor, como el hijo pródigo de la parábola. Por eso, cuando vuelve en sí, la amargura inunda su corazón.



La mirada de Jesús

Al volver en sí comienza una nueva tentación más terrible que las anteriores: la desesperación. Judas también se arrepintió de su traición y reconoció que había entregado sangre inocente, pero desesperó y se ahorcó. Cabía que sucediese algo similar a un hombre tan apasionado como Pedro. Un dolor demasiado intenso puede anular la mente o desalentar el corazón hasta extremos tan abismales que lleven hasta el suicidio. Pero una mirada le salvó. Los ojos de Jesús, que no lograron desarmar a Judas, produjeron un vuelco en el corazón de Pedro.

Jamás olvidaría Pedro esa mirada: el relámpago de aquellos ojos le dijo más que mil palabras. Y, probablemente, recordó al mismo tiempo, otras palabras recientes de Jesús: "Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo. Pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú cuando te conviertas, confirma en la fe a tus hermanos"(Jn). 


Ahora entiende los avisos del Señor: la tentación era superior a las fuerzas humanas, era una tentación diabólica. No eran las criadas, o los soldados, los que le han asustando, sino el mismísimo Satanás con la colaboración de su imprudencia y su presunción. La oración de Cristo ha impedido que el diablo lo destrozase, y, gracias a eso, en medio de su pecado conserva la fe y se arrepiente.




PEDRO EN EL CIELO Y JUDAS EN EL INFIERNO

Pedro y Judas, ambos cometieron el mismo pecado. Ellos negaron a su Señor y Maestro.

¿Pero por qué uno fue al cielo y el otro fue al infierno?

El escritor del Evangelio de Mateo es cuidadoso para comparar  y contrastar la caída de Pedro y Judas. Ambos hombres fallaron gravemente. La caída de Pedro fue temporal, mientras que la caída de Judas fue permanente. Uno está en el cielo, y el otro está en el infierno.

Ambos hombres confesaron sus pecados y fallaron, pero solamente uno se arrepintió y puso su confianza en Cristo.

En algún lugar en la vida de Judas, él se volvió al mal que finalmente resulto en el rechazo de Jesucristo como Su Señor y Salvador y finalmente el suicidio. Una mala actitud hacia Jesús condujo a la otra, y un modelo de rechazo y amargura debe haber dado al lugar del rechazo final de Jesús.



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De hecho, fue profetizado en el Antiguo testamento que una persona cercana a Jesús levantaría su calcañar contra Él (Sal. 41:9; Jn. 13:18; Hechos 1:16). Él fue designado a este final desde el principio (Jn. 17:12).

Después de que Judas vendió a Jesús por treinta piezas de plata, el precio de un esclavo común (Zacarías 11:12; Mateo 26:14-16), él compró un campo con el dinero (Hechos 1:18-19). Cuando "la buena oportunidad" vino, él actuó con malas intenciones y entrego a  Jesús a las autoridades Judías en el Jardín de Getsemaní (Mat. 26:46-50). Después de que esto paso, él sintió una sensación de remordimiento comprendiendo lo que él había hecho, y declaro a los líderes religiosos que Jesús era inocente (27:1-5). Judas trató de expiar sus propios pecados y fracaso. Entonces él fue al campo y se ahorcó.

Judas traiciono a Jesús porque no lo amo. El solamente se preocupo por si mismo y sus agendas personales (Juan 12:6).

Judas confesó su pecado sin el arrepentimiento. No había ningún cambio radical en su mente que resulto en un cambio de la muerte espiritual a la vida espiritual por la fe en Jesucristo. El arrepentimiento verdadero lo habría vuelto a Jesús para el perdón.


Por otra parte, ahí esta Pedro que también había estado con Jesús, y de la misma manera cayó. Nosotros también, si no aprendemos su lección, en Lucas 22:31-32. "Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos"




 


Pedro amó al Señor Jesús. Él trató de defender a Jesús en el jardín cuando los soldados llegaron (Mat. 26:50-54). De hecho, Pedro falló, porque él estaba en una situación en la  que él no habría estado,  si  no hubiera amado a Jesús. Lo que pasó a Pedro todavía pasa a lo  Cristianos más fuertes de hoy.

 Pedro no creyó las advertencias de Jesús (v. 31; Zac. 13:7). "Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche" Muy enfáticamente, con confianza Pedro respondió " nunca me escandalizaré" (v. 33). Jesús repitió las advertencias en términos aún más fuertes, "De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces" (v. 34). Pedro  fue arrogante diciéndole a Él "Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré" Todos los discípulos dijeron lo mismo (v. 35).



Pedro sabía la misma cosa que usted y yo sabemos. "Jesús nunca esta equivocado, nunca esta confundido, nunca se equivoca. ¡" Pedro pensó que  sabía más que Jesús! Si esperamos ganar en la guerra espiritual, nosotros tenemos que determinar a principios en la vida cristiana confiar en Jesús en todo y no encontrar una justificación convincente a Su Palabra. Pedro cayó esa noche con la más mínima provocación  cuando una criada le hizo tropezar  (Mat. 26:58, 69-75). 





Quizás esto habría sido diferente si Pedro hubiera permanecido en compañía de su compasivo y hermano cristiano, Juan.

Pedro respondió con negaciones cada vez más fuertes a las preguntas de los transeúntes presentes en el patio del sumo sacerdote. Sus negaciones estuvieron aún llenas de maldiciones y juramentos antes de que hubiera terminado (Mat. 26:70-74).

En el momento, Pedro negó a Jesús la tercera vez que un gallo cantó, y "vuelto Jesús miró directamente a Pedro" (Lc. 22:61). Pedro comprendió lo que él había hecho y salio precipitadamente y lloro amargamente (Mat. 26:75; Mrc. 14:72; Lc. 22:62).

Pedro aprendió la lección que Jesús "es capaz de salvar completamente a los que vienen a Dios por medio de Él, porque Él siempre vive para interceder por ellos " (Heb. 7:25).

¿Es fácil para nosotros señalar con nuestros dedos a Pedro y a Judas, pero en cuanto a nuestras propias negaciones de Cristo en el lugar de trabajo, la escuela, y espacio público, etc.? ¿Qué pasa cuanto él nos invita a venir y seguirle a Él  y nos detenemos, o vamos en otra dirección? Él nos invita a unirnos a  Él en lo que Él esta haciendo pero nosotros no le seguimos a Él en fe.

Dios no nos compara con Pedro o Judas, sino a Su Hijo que fue obediente hasta la muerte. Nosotros  no estamos a la altura de Su obediencia.

 Sólo hay una persona que puede hacer expiación por nuestros pecados, y este es Jesucristo. Sólo Su sangre derramada hará la expiación por nuestros pecados y nos liberará de nuestra culpa. No hay ninguna esperanza para nosotros si la sangre de Jesucristo no nos lava de todos nuestros pecados. En la muerte de Jesús hay salvación para todos los que llaman a Su nombre. ¿Qué puede quitar mi pecado? "Nada, más que la sangre de Jesucristo.¨ 

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Judas le dio la espalda a Jesús que era su única esperanza.

Pedro se arrepintió y se volvió a Jesús y encontró esperanza.

Nosotros hacemos bien al escuchar las palabras de Pedro y de aprender de su experiencia “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:10-11).





ORACIÓN


Señor, cuando Pedro habla, iluminado por la revelación del Padre, te reconoce como Cristo, Hijo de Dios vivo. En cambio, cuando se fía de su razón y de su buena voluntad, se transforma en obstáculo para tu misión. La presunción le lleva a renegar de ti, su Maestro; en cambio, el arrepentimiento humilde lo confirma como la roca sobre la cual tú edificas tu Iglesia. La decisión de confiar la continuación de la obra de la salvación a hombres débiles y vulnerables manifiesta tu sabiduría y poder.

Señor, protege a los hombres que has elegido, para que las puertas del infierno no prevalezcan sobre tus siervos.

Dirige tu mirada sobre todos nosotros, como hiciste aquella noche con Pedro, después del canto del gallo.



ORACIÓN


Señor, yo también, como Pedro, te niego en tantas ocasiones... en lo importante y en lo más cotidiano. Cuando las cosas se hacen más cuesta arriba, me olvido de las promesas, de esos momentos en que te he dicho que no te abandonarla. Y porque conozco mi debilidad, te pido, Señor, ser humilde en mis palabras y en mis acciones: que me fie de Ti
más que de mí.